Pepón Osorio usted empezó su carrera artística en Estados Unidos… ¿Cómo se encaminó hacia crear instalaciones?

Llegué a EEUU en 1975. Salí de Puerto Rico a estudiar para terminar mi bachillerato. Mi intención no fue de seguir en el campo del arte. Reconocía que era una persona creativa pero no pensaba que las ideas creativas se podían convertir en arte… Empecé a dedicarme a eso cuando conocí a mi esposa, Merian Soto, bailarina y coreógrafa. Empezamos a trabajar juntos. Lo que veía en el baile lo trabajaba en la escenografía y la instalación pero desde el contexto del movimiento. De allí sale mi obra teatral – que es una obra trabajando movimiento. Nunca pensé el espacio de exhibición como el lugar de mis ideas.

Del 1975 al 1985, trabajé recreando las materias de la isla (Puerto Rico) con caña de azúcar, tierra… En la época, no conocía el trabajo de los artistas que trabajaban en base a tierra. Creé haciendo una islita, era como crear el mundo de mi isla dentro de mi vida y de mi ambiente en EEUU. Creaba de vuelta ambientes naturales que me acercaban a la isla. La añoraba. Me hacían falta sus elementos naturales, el calor y la naturaleza.

En 1985, rompo con todo ese trabajo de acercamiento, termino la universidad y empiezo a hacer obra social (social work). De la tierra empiezo a trabajar con plástica. Me redefiní a mi mismo como puertorriqueño y en relación a los puertorriqueños en exilio. Yo iba y venía entre Nueva York, en los EEUU, y Puerto Rico. Empecé a trabajar lo que vendría a ser lo que hago ahora. Me hundí en la complejidad social de mi país. Conociendo su vida interior y como se crea el espacio domestico. Me interesé mucho en las salas en las casas de los puertorriqueños en EEUU – especialmente los que vivían en el South Bronx. Me reconocía a mi mismo como puertorriqueño y me transformaba como tal. Era como si fuese “born again Puerto Rican” (nacido puertorriqueño otra vez). Me hacía falta la comida, la gente, el idioma. 

¿No le surgió esa voluntad de volverse en Puerto Rico?

Tenía un romanticismo con la isla, una necesidad de conectarme con el paisaje, con la gente y con la isla… Pero la realidad social puertorriqueña no la hacía de menos lo más mínimo. No puedo vivir allá, me voy solo de vacaciones. Tengo una relación de amor y odio con la isla y lo social – no con la gente. 

Pepón Osorio, En la barberia no se llora, 1994 © Franck Areski

Pepón Osorio, En la barberia no se llora, 1994 © Franck Areski

¿El vivir en Estados Unidos fue un elemento clave para su arte?

Empecé a entender a Puerto Rico desde una distancia. Fue desde Nueva York, con esa distancia que tuve un acercamiento a la isla. Cuando yo estaba allí, me parecía que todo era homogéneo. Pero en Nueva York conocí a judíos, afroamericanos, angloamericanos, dominicanos, caribeños… Entendía la complejidad. Era mucho más complejo de lo que estaba viviendo en Puerto Rico y me di cuenta que mi identidad era compleja también.  Descubrí lo que me hacia un puertorriqueño diferente de los otros: mis raíces afroantillanas. Mi dualidad como puertorriqueño de clase media y de descendencia africana. Mi conocimiento de lo que es la cultura popular en Puerto Rico. Era reconocer que pertenecía a una clase que reconocía, conocía y a veces creaba la cultura popular. En Puerto Rico, no lo veía porque estaba en la cara mía. Pero desde lejos empecé a entender la complejidad de mi existencia. Poco a poco me di cuenta que yo quería crear una obra de arte donde empezaba  a formular una serie de ideas y teorías que partían desde ese espacio donde nosotros creamos cultura popular. Fue esa idea de crear como un “neo-popularismo” porque yo entendía bien mi materia y al mismo tiempo la conocía como alguien que estaba afuera. 

Antes, yo había entrado en el espacio de las performances, con personas que eran bailarinas, y con artistas de los ochenta en Soho, Nueva York. Me fui de distancia de todo eso, me quedé en la periferia cuando empecé a verme con la intención de crear arte en una forma más concreta. Me vi en la periferia en comparación con Julian Schnabel, por ejemplo, que era al centro del arte en los ochenta. Empecé a disfrazarme desde la periferia. Mi formación fue alienarme de ese mundo y crear un mundo basado en algo que conocía muy bien: la cultura popular puertorriqueña. Fue a la vez acercamiento y resistencia a un mundo.

Pepón Osorio,  La Cama © Lehman College

Pepón Osorio, La Cama © Lehman College

Los puertorriqueños de clase media – media alta en EEUU era un circulo que no conocía la cultura popular como yo porque se distanciaban de esa cultura. Yo soy un académico de la cultura popular, un teorista visual de mi cultura e identidad. Hice trabajos que tiene que ver con mi niñez. Traje el pasado al presente mirando hacia el futuro. Mi obra tiene mucha contradicción con este individuo totalmente colonizado pero buscando la fuerza en el proceso de colonización. Yo sé más que los que me están colonizando. 

Sus obras son gigantescas. ¿Por qué esa necesidad de trabajar en gran tamaño?

Mi obra es de dimensiones enormes. Tenía una resistencia a presentar obras chicas con miedo que desaparezcan y que no se vean. Temía de ver mis trabajos en esquinas. Empecé a trabajar en grande. Muy grande.  A mí, nunca me llamo la atención el museo. Es diferente de donde me creí. El museo era un espacio ajeno. Al contrario de lo que generalmente se opina no era “the ultímate space for exhibition” (el espacio mejor de exposición). Por unos cinco años estuve fuera del circuito del arte visual (1984-1989) porque en esa época trabajé en performance con mi esposa. Todas las obras que hacía eran en el escenario de sus espectáculos pero siempre con un vínculo a la cultura popular. Usaba los teatros y sus escenarios como espacios de exposición. No exhibía, no presentaba trabajos en galerías. Me interesaba la dinámica de exponer en el teatro, el que uno asiste a una obra de teatro y que a pesar de la distancia con mi obra ella viva por sí sola. No solo trabajaba el espacio de performance pero también donde se sentaba la gente.  

Fue en el 1990, cuando tuve una muestra importante en El Museo del Barrio, con una retrospectiva del trabajo que había hecho desde el 1985, que mi trabajo tomo popularidad. Y que le encontré interés dentro de la galería. Utilice la galería y el espacio del museo como un espacio activo donde el espectador, el visitante, animaba las instalaciones con su presencia. Me gustaba que la gente interactuara con la obra, como por ejemplo en mi instalación El Velorio: AIDS in the Latino Community. Siempre me ha interesado trabajar con la emoción y con la actuación de esa emoción. Lo más importante es lograr en el espectador conectarlo a mi realidad que es un lugar muy psíquico y emocional. En El Velorio, creó una reacción muy fuerte porque la comunidad estaba afectada con el tema de AIDS. Era crucial lograr conectar mi trabajo a un grupo de personas que no iban a menudo al museo.

Pepón Osorio, Escena del Crimen, el Crimen de Quién

Pepón Osorio, Escena del Crimen, el Crimen de Quién

Esa obra como Escena del Crimen, el Crimen de Quién?, fue creada especialmente para esa muestra en el Museo del Barrio.

 

Siempre me interesó recrear el espacio donde yo sacara una sala de una familia para ponerla en el espacio del museo. Para crear una domesticación del museo, crear un espacio domestico en un espacio inapropiado para eso. De hecho, era difícil lograr un medio entre el museo y el lugar de origen de donde yo venía. Siempre me sentí como un invasor del museo, no como parte del museo. Esa pieza en la KAdE, la creé pero no creo que pertenezca al museo como tal. Estoy invadiendo los espacios. Los invado, después se empacan y me voy. Soy como un “squadder” (un invasor de terreno). Hasta cierto punto es lo que hice en mi trabajo: una obra teatral y grande.

Pepón Osorio, detalle de Drowned in a glass of water, 2010 © Uprising Art

Pepón Osorio, detalle de Drowned in a glass of water, 2010 © Uprising Art

¿Esas invasiones son relatos sinceros o construcciones artísticas?

Mi obra es mucho más grande que la vida o como una exageración de la vida. Un mundo tan exagerado que la gente reaccione sea sonriente o siendo renuente. Le encanta o lo odia.

Muchas personas me preguntan si todo eso es cierto… Sí, mi trabajo siempre está basado en una realidad, en hechos verídicos o historias. Yo creo un sentido de real con fantasía, donde la historia se hace para romper el sentido de realidad.

 

¿Qué puede decir sobre la pieza de la muñeca que está expuesta en Who More Sci-Fi than Us? Es un detalle de su instalación Drowned in a glass of water de 2010.

Pepón Osorio, detalle de Drowned in a glass of water, 2010 © Uprising Art

Pepón Osorio, detalle de Drowned in a glass of water, 2010 © Uprising Art

 Tiene una historia. Estuve en Boston, EEUU, y en dos pueblos cerca el uno del otro, encontré dos familias. Una tiene mucho acceso y dinero, la otra es indigente.  

La pieza está basada en algo verídico pero yo alteré la realidad que vi. Me interesa siempre alterar un poco la realidad porque cuando te cuentan una historia nunca te la cuentan como es: te la adornan un poco. Entonces, adorné la historia creando una exageración de la misma para hacerla más interesante. Las buenas historias no las buscas, vienen a ti, tanto como los personajes.

Hay dos lados en esa pieza. Es una pieza rodante. Estuvo hasta mayo en la Galería Ronald Feldman en Nueva York.

Por un lado tienes una piscina, por el otro la muñeca. Las dos familias tienen un denominador común que permite que esas historias tengan lazos: el denominado tiene que ver con la salud. Las dos familias vinieron contándome esas historias durante el proceso de visitas a ambas familias – proceso que duró un año. Las dos familias no se conocían. La muñeca estaba en la casa de la familia pobre. El personaje que representé es la dueña de la casa. Le incorporé a ella y a su alrededor los objetos de su cosa. Esa persona tiene mucho dolor físico y espiritual. Por eso se ven los curitas alrededor de ella. Me gusta crear metáforas, imágenes que puedan hablar por si solas, que sean suficientemente amplias por la interpretación. Recibo imágenes táctiles y físicas que tradujo visualmente.

 

¿Cómo se sintió de desconectar una pieza de la obra?

La muñeca funciona sola. La podemos sacar pero es un poco abstracto sacarla del contexto, de su historia real. La obra funciona, puede crear un nuevo sentido, es más sensacional, pero tiene menos historia… Es solo un objeto. Me atrae la idea de que la obra te esté hablando…

Pepón Osorio, otro lado de Drowned in a glass of water, 2010 © Ronald Feldman

Pepón Osorio, otro lado de Drowned in a glass of water, 2010 © Ronald Feldman

La gente con quien trabajo es gente que tiene una conexión espiritual y emocional fuerte, siempre están en línea. Es algo que busco en las personas.

Por Clelia Coussonnet

Mayo 2012

Créditos fotografía de portada : Pepón Osorio al encontrarnos en Amersfoort © Uprising Art